En el marco del Día Nacional de la Memoria, la Verdad y la Justicia, a 46 años del golpe cívico, militar, clerical, es dable recordar algunas figuras que son parte de la historia más negra del país. Tal es el caso de Walter Eichhorn, un militar oriundo de San Gustavo que durante la dictadura se desempeñó como jefe del Casino de Suboficiales de Mendoza, en el que funcionó un centro clandestino de detención de mujeres desde el 24 de marzo de 1976.
De abril a septiembre de 1976 pasaron por allí dieciséis mujeres: Liliana Buttini, Vilma Emilia Rúpolo, Olga Salvucci, Norma Sibila de Morán (fallecida), Dora Goldfarb, Yolanda Cora Cejas, Estela Izaguirre, Carmen Corbellini, Edith Arito, Rosa Obredor, Beatriz García, Susana Nardi, María Elena Castro (fallecida), Liliana Petruy, Silvia Alliendes y Eda Sbarbati de Alliendes (fallecida).
El represor había sido procesado en 2013 en el marco de la Megacausa Mendoza, pero se fugó de la justicia ese mismo año. Se lo acusa de ser responsable de privación ilegítima de libertad de 14 mujeres y la imposición de tormentos a 11. Tras ser intensamente buscado, tanto a nivel nacional como internacional -lo buscó la Interpol- recién fue detenido a los 89 años, en 2018.
Debido a que es nacido en San Gustavo, la justicia lo buscó allí durante años, sin suerte. Para dar con un dato que lo lleve al represor prófugo, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación ofreció una recompensa de 500 mil pesos para quien aportara información certera sobre su paradero.
Sin embargo, a pesar de que las pistas señalaban que se podía haber escondido en pequeñas ciudades entrerrianas, Eichhorn apareció en su casa de Chacras de Coria, en Luján de Cuyo, y fue detenido inmediatamente.
“Este hombre tuvo una participación muy central en la tortura porque era quien custodiaba a las presas y las llevaba al lugar de tortura, era el entregador”, dijo Viviana Beigel, abogada querellante de la causa Mendoza y miembro del Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos.
Según registró La Sexta, en los diarios del juicio -que pueden leerse en Juicios Mendoza- Beigel sostuvo que hubo una “diferencia marcada” entre varones y las mujeres en los centros clandestinos de Mendoza, sobre todo en relación al disciplinamiento al que eran sometidas las víctimas. Por ello, pidió una sentencia con perspectiva de género que incluyera explícitamente la violencia desplegada por el aparato represivo contra las víctimas mujeres de este juicio.
En el caso de las mujeres, que fueron reubicadas en la penitenciaría provincial y más tarde en Devoto, pudieron ver las caras a sus torturadores y se animaron a denunciarlos cuando se recuperó la democracia. Entre otros testimonios, Beigel recordó el caso de la actriz Vilma Rúpolo, “secuestrada tres días después de haber parido, a quien torturaban mientras sus compañeras de cautiverio cuidaban a su hijo custodiadas por otros represores armados con itakas”.













